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Cuento.

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Autonomía

Cuento

Fuente: www.valores.com.mx

 

Hansel y Gretel

 

A la orilla de un bosque vivía un leñador con su malvada esposa y dos sobrinos, Hansel y Gretel. En una época hubo escasez de alimentos y el leñador se preocupaba por los niños. Una noche lo comentó con la tía.
—Mañana deberás llevarlos a lo profundo del bosque y dejarlos allí —exigió ella.
—¿Cómo me aconsejas eso? —repuso el leñador.
—Ellos hallarán manera de sobrevivir solos, ahora que nosotros no podemos hacer nada —replicó la cruel esposa.
Los dos hermanos habían escuchado y Gretel lloró, pero Hansel la reconfortó.
—No te preocupes. Somos fuertes para salir adelante.
En la primera ocasión que el leñador intentó abandonarlos, hallaron el camino de regreso. Pero en la segunda no pudieron volver y quedaron allí, tristes y solos. Acondicionaron una cueva para vivir y a diario salían en busca de comida.
Pasaron diez días y ya estaban débiles y hambrientos. Pero en una de sus caminatas encontraron una curiosa casita hecha de pan, galletas y chocolate, con vidrios de caramelo. Se acercaron y empezaron a arrancarle pedazos para comer. Una fea bruja asomó por la puerta.
—¿Cómo llegaron por aquí chicos? Pasen, por favor —les dijo.
Gretel tenía miedo, pero Hansel le dijo en voz baja:
—No te preocupes. Somos inteligentes para evitar que nos haga daño.
La mujer preparó confortables camas para que durmieran. Al día siguiente les sirvió leche, nueces y pastelillos. Su amabilidad era sospechosa… Lo que pasaba es que la bruja usaba ese método para engordar a los pequeños y cocinarlos.

Los niños se dieron cuenta de sus planes. Como era medio cegatona, cuando quería ver si los brazos de Hansel ya estaban gorditos, él le hacía tocar un flaco hueso de pollo que había guardado. Pero de cualquier forma, después de dos semanas la bruja se dispuso a guisarlos.
—¡Al horno! —exigió.
—No cabemos —protestaron los pequeños.
—Miren como hasta yo quepo —dijo la bruja y se metió al horno.
Aprovechando esa tontería, los niños la encerraron y huyeron. Pero antes de salir llenaron sus bolsillos con muchas piedras preciosas que había tiradas por el suelo. Corrieron veloces hasta llegar a un lago.
—No sabemos nadar —lamentó Gretel.
—No faltará quien nos ayude —afirmó Hansel. Un enorme pato que paseaba por el lago se acercó y se ofreció a cruzarlos uno por uno.
En la otra orilla el terreno les pareció familiar y pronto reconocieron a lo lejos su antigua casa. Caminaron hasta la entrada y llamaron. Su tío abrió la puerta.
—¡Sobrinos, qué alegría! La perversa tía murió arrepentida de lo que hizo y todo este tiempo he vivido afligido por ustedes —les dijo emocionado.
—Querido tío —respondió Gretel —sufrimos pruebas duras. Pero aprendimos a valernos con nuestros medios. Somos mucho más grandes que cuando salimos de aquí.
Las joyas que llevaban en los bolsillos los ayudaron a resolver sus problemas y los tres fueron felices y libres por siempre.

 

—Adaptación de un cuento de los hermanos Grimm.

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