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Cuento.

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Bondad

Cuento

Fuente: www.valores.com.mx 

El Señor de las cigüeñas

En las elevadas montañas de China vivía un anciano llamado Tian. Su única compañía eran las cigüeñas, y él se encargaba de cuidarlas y alimentar a sus polluelos. Su amistad era tan cercana que pronto lo llamaron “el Señor de las cigüeñas”.


Una ocasión decidió bajar al pueblo, para ver si las personas se acordaban de ser buenas y compasivas. Vistió sus mejores galas, se subió sobre una de las cigüeñas y ésta lo llevó volando. Al llegar encontró a un hombre pobre y enfermo envuelto en harapos y le preguntó:


—¿Cambiaría usted su ropa conmigo? Vine a probar si la gente es buena y no quiero que me reconozcan —explicó. El hombre enfermo aceptó.
Vestido así Tian se sentó en una calle de la plaza esperando que los paseantes lo ayudaran, pero nadie hizo caso. Cansado y hambriento entró a una posada y pidió al dueño algo de comer, explicando antes que no tenía para pagar.
—Con gusto —respondió el propietario, quien le trajo pan y un humeante plato de sopa.


Al día siguiente Tian se presentó de nuevo. Sonriente, el posadero le ofreció un sabroso arroz. La misma situación se repitió durante varios días. En una de esas ocasiones Tian dijo al posadero:


            —Usted ha sido un hombre bueno conmigo y tengo una gran deuda por su ayuda.
—Olvídelo, siempre he creído que ayudar a los otros es una gran oportunidad — repuso el anfitrión.
—De cualquier forma debo recompensarlo. Permítame —solicitó Tian. Sacó de su bolsa unos pinceles y unos frascos de pintura y comenzó a pintar un gran árbol en la pared, con varias cigüeñas en su copa. 
—¡Qué hermoso! —exclamó el posadero.
—Eso no es nada —respondió Tian. Entonces aplaudió, las cigüeñas cobraron vida y bailaron con gracia al ritmo de su canción. Tian explicó al sorprendido posadero que con ese espectáculo sus clientes estarían muy contentos, y se dirigió a la salida.
—¿Quién es usted? —preguntó el dueño, pero Tian se alejó sin responder. 
La fama de las cigüeñas danzantes corrió por el pueblo y, gracias a tantos visitantes el negocio del posadero prosperó. Éste siempre preparaba algunos lugares para los que llamaran a la puerta pidiendo un poco de comida, aunque no tuvieran para pagar.
Mucho tiempo después Tian volvió a la posada. El dueño lo recibió llorando de alegría:
—Gracias a usted mi negocio va muy bien. ¿Cómo puedo recompensarlo? 
—Sólo te pido que sigas siendo tan bueno y compasivo como lo fuiste conmigo —respondió Tian. En ese momento tres cigüeñas lo levantaron de la ropa y se lo llevaron volando a las montañas.


El posadero comprendió que Tian era el señor de las Cigüeñas y desde ese día difundió su mensaje de compromiso y amor por el prójimo.

 

 

—Cuento tradicional chino.

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