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Cuento.

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Creatividad

Cuento

Fuente: www.valores.com.mx 

 

La respuesta inesperada

Hace doscientos años en un remoto rincón de China vivía un matrimonio. Fu-sing, la esposa, era especialmente lista: mantenía en perfecto orden los asuntos del hogar y hallaba una solución para cualquier problema. Sian Kiang, el marido, le pedía consejo para todo y se sentía orgulloso de ella.
Una vez él enfrentó un serio desacuerdo con un comerciante de caballos y le contó a su esposa. En cuestión de minutos ella dio una respuesta rápida y justa para las dos partes. Feliz por el desenlace, Sian Kiang pintó un hermoso cartel de colores con el retrato de su mujer y escribió con letras grandes:

 

Mi esposa es la mujer más inteligente de China

 

Cuando vieron el cartel colgado en la puerta de la casa, los vecinos se irritaron porque no podían aceptar la inteligencia femenina. El dueño de las tierras, que pasaba por ahí, se enteró y mandó llamar a Sian Kiang.
—Mucha gente está descontenta con ustedes, y te voy a poner a prueba. En caso de no cumplir, tú y tu mujer tendrán que irse.
—¿Y en qué consiste la prueba? —preguntó, tembloroso, Sian Kiang.
—Más bien son varias —anunció el señor—. Primera: tienes que tejer una tela tan larga como la distancia que hay de aquí al sol. Segunda: tienes que hacer tanto vino como agua hay en el mar. Tercera: tienes que criar a un cerdo tan pesado como las montañas de la Luna. 
Una vez en casa, Sian Kiang contó llorando a Fu-sing. lo que había ocurrido y ella lo reconfortó:
—No te preocupes —le dijo riendo— los problemas más complicados se resuelven con las respuestas más sencillas. Duerme tranquilo pues mañana te daré tres objetos y te diré qué hacer con ellos.
Al día siguiente, Sian Kiang llegó ante el señor de las tierras llevando consigo una regla, un recipiente medidor, y una báscula.
—Señor mío —le dijo— hoy desperté temprano y me di cuenta que para cumplir las misiones que me encargó, necesito más detalles. Vine a prestarle estos instrumentos para facilitar su tarea.
”La regla le servirá para medir la distancia que hay hasta el Sol; así podrá decirme de qué tamaño es la tela que debo tejer. El recipiente le permitirá saber cuánta agua hay en el mar; así podrá indicarme la cantidad de vino que hemos de preparar. Por último, con la báscula usted sabrá lo que pesa una montaña de la Luna y me dirá las dimensiones del cerdo que tenemos que criar. En cuanto me dé esa información, me pondré manos a la obra.”
Sorprendido por la ingeniosa respuesta, el señor le preguntó cómo se le había ocurrido:
—Fue mi mujer quien la pensó —explicó Sian Kang.
El señor le ofreció una disculpa y lo dejó ir sin problema. De inmediato ordenó a sus servidores que hicieran un gran cartel y lo colocaran en la plaza de la aldea:

 

La esposa de Sian-kang es la mujer más inteligente del mundo

 

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